La Asamblea Nacional de Francia aprobó el presupuesto de 2026, que había estado bloqueado durante meses debido a la falta de mayoría absoluta del gobierno de centro. Dos mociones de censura presentadas por la izquierda no obtuvieron los votos necesarios, lo que permitió adoptar el plan fiscal tras intensas negociaciones.
El primer ministro Sébastien Lecornu anunció que el presupuesto mantendrá el control del gasto público y pospondrá la reforma de las pensiones, una exigencia de sus aliados socialistas. Señaló que no se contemplan incrementos de impuestos y que se priorizarán inversiones en transición ecológica y educación.
La aprobación dio un respiro al presidente Emmanuel Macron, cuyo gobierno ha enfrentado protestas y críticas por su gestión económica. Los inversionistas reaccionaron positivamente, al considerar que la estabilidad fiscal reduce la incertidumbre de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
El ministro comentó que, tras cerrar la cuestión presupuestaria, el Ejecutivo se enfocará en proyectos internacionales y de defensa. Analistas señalan que el acuerdo fortalece a Macron frente a posibles rivales de izquierda y derecha y que los socialistas lograron concesiones simbólicas sin abandonar la coalición.




