Standard & Poor's sacudió los mercados financieros al cambiar de estable a negativa la perspectiva de la deuda soberana de México, manteniendo la calificación BBB apenas en grado de inversión. En el mismo movimiento, la calificadora extendió el cambio a Pemex, la CFE, gobiernos locales y bancos nacionales, amplificando el impacto sobre todo el sistema financiero del país.
La decisión cita tres razones principales: el crecimiento del PIB de apenas 0.9% acumulado en los últimos seis años, la incapacidad de reducir el déficit fiscal con la velocidad necesaria, y el apoyo presupuestal sostenido a Pemex y CFE, que S&P considera un factor que agrava la rigidez fiscal estructural. La agencia advirtió que si México no reduce sus déficits en los próximos 24 meses podría producirse una degradación efectiva de la calificación.
Desde la Secretaría de Hacienda, el titular Edgar Amador salió a responder que el gobierno confía en revertir la perspectiva en los próximos meses, argumentando que la calificación BBB por sí misma refleja la solidez de la política económica y la responsabilidad en el manejo de las finanzas públicas. Los mercados, sin embargo, reaccionaron con moderada presión sobre el tipo de cambio y los bonos gubernamentales.
Una eventual pérdida del grado de inversión provocaría el retiro automático de fondos institucionales que sólo pueden mantener deuda con calificación BBB o superior, encarecería el crédito para empresas y gobierno, y generaría presión adicional sobre el peso. Los analistas coinciden en que el margen de maniobra es estrecho y que el tiempo para corregir el rumbo fiscal es más corto de lo que el gobierno reconoce públicamente.

