Viena acoge esta noche la segunda semifinal de la 70ª edición de Eurovisión en un ambiente enrarecido por la que los propios organizadores reconocen como la mayor crisis reputacional del certamen en sus setenta años de existencia. Cinco países —España, Irlanda, Países Bajos, Islandia y Eslovenia— decidieron no emitir la gala como acto de protesta ante la decisión de la Unión Europea de Radiodifusión de mantener la participación de Israel pese a las continuas presiones por el conflicto en Gaza.
La primera semifinal, celebrada el martes, estuvo marcada por protestas en el exterior del recinto, expulsiones de público del interior y una polémica adicional: los organizadores borraron los gritos contra Israel de su vídeo oficial después de que circulara ampliamente en redes sociales. Israel, a pesar de todo, logró clasificarse para la gran final con una actuación que generó tanto abucheos como ovaciones en el pabellón vienés.
La ausencia de España hace que la edición cuente con el menor número de participantes desde el festival de Turín en 2022, reduciendo también el peso del televoto europeo y la representatividad del concurso. RTVE comunicó formalmente su retirada argumentando razones éticas, en una decisión que fue aplaudida por organizaciones de derechos humanos pero criticada por los fans del certamen, que lamentan la politización creciente de un evento que nació precisamente para tender puentes entre naciones.
Eurovisión 2026 quedará en los libros de historia no sólo por sus canciones, sino por ser el momento en que la geopolítica rompió definitivamente la burbuja del entretenimiento europeo. La gran final está programada para el sábado en el Stadthalle de Viena.

