Representantes de Estados Unidos e Irán celebraron en Ginebra una segunda ronda de conversaciones nucleares indirectas mediadas por el gobierno de Omán, en un encuentro en el que participaron los enviados especiales estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner, así como el ministro de Relaciones Exteriores iraní Abbas Araghchi, quien se había reunido el día previo con el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi.
El presidente Donald Trump señaló que participaría de manera indirecta en las negociaciones y reiteró su mensaje a Teherán de alcanzar un acuerdo para limitar su programa nuclear o enfrentar consecuencias graves. En paralelo a las negociaciones, la administración estadounidense movilizó un nuevo grupo de 18 cazas F-35 con varios aviones cisterna hacia el Medio Oriente, en lo que analistas identificaron como una estrategia de presión militar simultánea a la diplomacia.
Irán, por su parte, inició ejercicios militares de gran escala en el Estrecho de Ormuz durante el transcurso de las negociaciones, en una señal interpretada como un mensaje de disuasión ante las posiciones de Washington. Reportes citados por medios especializados señalaron que la administración Trump habría acordado con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu el respaldo a posibles ataques israelíes contra el programa iraní de misiles balísticos en caso de fracasar las negociaciones diplomáticas.
Los observadores internacionales destacaron que las conversaciones se desarrollaban en un clima de alta tensión, con el balance entre presión militar y apertura diplomática como el eje central de la estrategia estadounidense. El proceso es seguido con atención por las potencias europeas, que han insistido en la necesidad de una solución negociada al programa nuclear iraní para preservar la estabilidad regional.




