Cuba vivió un nuevo colapso total de su red eléctrica, el sexto apagón masivo en los últimos 18 meses, dejando a nueve millones de personas a oscuras e incomunicadas. Esta vez, el detonante fue la combinación de una red eléctrica 'más allá de su vida útil', un suministro de petróleo que se agotó tras semanas de bloqueo marítimo impuesto por la administración Trump, y un terremoto que golpeó la isla en los días previos.
Desde enero, Cuba no ha recibido embarques de crudo después de que Trump amenazara con aranceles a cualquier país que vendiera o suministrara petróleo a La Habana. Las plantas termoeléctricas, que ya operaban en condiciones precarias, cayeron una tras otra al quedarse sin combustible, arrastrando consigo el suministro doméstico, los hospitales y los servicios básicos.
En ese contexto, Trump atizó la crisis con declaraciones que generaron alarma internacional: 'Tomar Cuba sería un gran honor', dijo el mandatario en un tono que oscila entre la bravata y la amenaza real. Marco Rubio y otros funcionarios de la Casa Blanca no desmintieron al presidente. El gobierno de Díaz-Canel rechazó cualquier posibilidad de negociación bajo presión.
Antes de que concluyera el día, las autoridades cubanas informaron que comenzaban a restablecer la electricidad de forma progresiva en La Habana y otras ciudades. Pero la escena de nueve millones de personas sin luz, en medio de escasez de alimentos, combustible y medicinas, reactivó las protestas en algunos barrios capitalinos, con imágenes que circulan ampliamente en redes sociales pese a los cortes de internet.





