El barril de petróleo Brent superó los 100 dólares por primera vez en años, impulsado por los ataques a infraestructura energética en el Golfo Pérsico durante la guerra entre EE.UU., Israel e Irán. La cifra es psicológicamente relevante para los mercados globales: historicamente, cuando el crudo se instala por encima de ese umbral durante más de 60 días, la probabilidad de recesión en economías importadoras netas se dispara.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) lanzó su advertencia más grave desde la pandemia: si el conflicto armado en Medio Oriente se extiende hasta junio, unos 45 millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria aguda, a causa del encarecimiento de fertilizantes, combustibles y fletes marítimos que encarecen la producción y el transporte de alimentos básicos.
Los mercados accionarios de Europa, Asia y América Latina cerraron la semana con caídas. El análisis del Grupo Financiero Monex señala que el encarecimiento del crudo está ya descontado en los precios de aerolíneas, navieras y cadenas de distribución de alimentos. Las compañías de logística han comenzado a trasladar el incremento de costos a sus clientes finales.
Para los países emergentes exportadores de petróleo, como México, el efecto es ambivalente: mayores ingresos por exportaciones de crudo, pero también mayor presión sobre el precio de los combustibles internos, sobre la cadena de suministro industrial y sobre los consumidores, que ya padecen una inflación que no termina de ceder.





