La política migratoria de Donald Trump dejó de medirse solo en redadas y ahora tiene una dimensión humana concreta: 271 mil 193 mexicanos han sido repatriados desde Estados Unidos durante su segundo mandato. La cifra equivale a desplazar, en pocos meses, a la población completa de una ciudad mediana.
El conteo fue informado por la Secretaría de Gobernación y abarca a personas recibidas por autoridades mexicanas después de ser expulsadas o regresar mediante los mecanismos acordados con Washington. Los operativos estadounidenses se han endurecido y el temor a la detención también ha alterado rutinas laborales, escolares y familiares.
El Gobierno mexicano ha concentrado la recepción en módulos fronterizos y programas de traslado, identificación y vinculación laboral. Sin embargo, cada retorno puede implicar pérdida de ingresos, separación de hijos nacidos en Estados Unidos y llegada a comunidades que no siempre cuentan con empleo o vivienda suficientes.
La presión no termina en la frontera. Los municipios de origen, los albergues y las redes familiares absorben el costo social, mientras las remesas y sectores estadounidenses dependientes de trabajadores mexicanos pueden resentir el cambio. El desafío será convertir una operación de recepción en una política real de reintegración.






