La erupción del Etna convirtió al principal aeropuerto del este de Sicilia en una sala de espera sin salida. La ceniza volvió a cerrar las pistas de Catania y prolongó por quinto día consecutivo una interrupción que golpea a turistas, residentes y aerolíneas en plena temporada alta.
El volcán expulsó material que los vientos llevaron hacia las rutas de aproximación. Las partículas pueden dañar motores y reducir la visibilidad, por lo que las autoridades mantuvieron suspendidas las operaciones y advirtieron que la reapertura dependerá de la evolución de la nube.
Durante la secuencia de cierres, cientos de vuelos fueron cancelados o desviados y miles de pasajeros buscaron alternativas por Palermo, tren o ferry. La afectación ya se considera una de las más prolongadas en Catania desde la gran crisis eruptiva de principios de siglo.
El impacto se extenderá a hoteles, cruceros y conexiones internacionales aun después de limpiar las pistas. Para viajeros desde México y América, la lección es revisar escalas y coberturas: una erupción activa puede modificar el itinerario europeo completo con pocas horas de aviso.





