Kenneth Walker III se convirtió en el primer corredor en ganar el premio de Jugador Más Valioso del Super Bowl desde Terrell Davis en 1998, una sequía de casi tres décadas que reflejaba el dominio del juego aéreo en la NFL moderna. Con 135 yardas terrestres en 27 acarreos y un promedio de 5 yardas por intento, Walker fue el motor ofensivo de los Seattle Seahawks en su victoria 29-13 sobre los New England Patriots en el Super Bowl LX.
La actuación de Walker fue particularmente notable por su consistencia a lo largo del encuentro, manteniendo el control del tiempo de posesión y permitiendo que la defensiva de Seattle descansara y se mantuviera fresca para presionar al mariscal rival. Sus acarreos decisivos en momentos clave del juego permitieron a los Seahawks controlar el ritmo del partido y alejar progresivamente a los Patriots del marcador, convirtiendo el juego terrestre en la piedra angular del plan de juego ganador.
El desempeño de Walker representa un recordatorio del impacto que un corredor élite puede tener en el escenario más grande del fútbol americano profesional. En una era donde las reglas de la NFL favorecen cada vez más el juego de pase y los mariscales de campo acaparan los reflectores, la coronación de un running back como MVP envía un mensaje sobre la importancia del equilibrio ofensivo y la capacidad de imponer la voluntad en la línea de golpeo.
Walker, seleccionado en la segunda ronda del draft de 2022 proveniente de Michigan State, ha consolidado su carrera en Seattle como uno de los corredores más explosivos de la liga. Su actuación en el Super Bowl LX lo posiciona como una de las figuras emergentes de la NFL y añade un capítulo memorable a la historia de los Seahawks, que celebran su segundo campeonato tras el título obtenido en la temporada 2013.





