El ejército israelí intensificó sus operaciones terrestres en el sur del Líbano con una nueva oleada de bombardeos que incluyó la destrucción de puentes estratégicos sobre el río Litani, en lo que el Ministerio de Salud libanés describe como el período más violento del conflicto desde su reanudación en marzo. El saldo acumulado supera los 886 muertos, entre ellos 111 niños, 67 mujeres y 38 trabajadores de salud, según cifras oficiales.
El conflicto se reactivó a principios de marzo como extensión del enfrentamiento entre Israel e Irán, que involucra también a milicias como Hezbolá en Líbano y a los hutíes en Yemen. Israel argumenta que sus operaciones buscan eliminar la infraestructura militar de Hezbolá antes de que el grupo pueda rearmarse con misiles de largo alcance provenientes de Irán.
Más de un millón de libaneses han sido desplazados internamente, una cifra que supera el desplazamiento registrado durante la guerra de 2006. Las organizaciones humanitarias advierten que los hospitales en el sur del país operan al límite y que el suministro de agua potable está interrumpido en varias ciudades.
El conflicto tiene impacto directo en los mercados de energía: el petróleo Brent ha superado los 90 dólares por barril ante el riesgo de que las operaciones escalen al Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo que consume el mundo.



