El sistema humanitario de Naciones Unidas lanzó una alerta crítica al reportar que más de 28 millones de personas en África requieren asistencia urgente en alimentos, agua y atención médica, un incremento del 34% respecto a enero. La cifra representa la peor situación humanitaria en el continente desde 2015 y coincide con una reducción significativa en el financiamiento internacional, en parte atribuida al repliegue de Estados Unidos de organismos multilaterales.
Sudán concentra la mayor parte de la crisis: el conflicto entre el ejército regular y las Fuerzas de Apoyo Rápido lleva más de dos años activo y ha generado cerca de 10 millones de desplazados internos, la mayor crisis de este tipo en el mundo. El acceso humanitario es casi imposible en amplias zonas del país, y la hambruna avanza en el norte de Darfur.
En Mali, Chad y la República Democrática del Congo, la combinación de conflictos armados, cambio climático y colapso de sistemas agrícolas crea ciclos de hambruna y desplazamiento que se retroalimentan. Las organizaciones humanitarias advierten que sin financiamiento adicional, el número de muertos podría multiplicarse en los próximos meses.
La reducción del aporte estadounidense a la USAID —que fue parcialmente desmantelada por el gobierno de Trump— dejó un hueco de más de 4,000 millones de dólares en el presupuesto humanitario global. Europa ha aumentado sus contribuciones, pero no alcanza a compensar la diferencia.



