Las remesas que los mexicanos en Estados Unidos envían a sus familias caerán un 12% en 2026, según proyecciones de analistas económicos, lo que representa miles de millones de dólares menos para hogares en estados como Michoacán, Guanajuato, Jalisco y Oaxaca. La caída se explica por la mayor vigilancia migratoria del gobierno de Trump, las deportaciones masivas y el clima de temor que ha llevado a muchos trabajadores a reducir su visibilidad —y con ello su actividad laboral— en comunidades de todo Estados Unidos.
Las remesas representan la segunda fuente de divisas de México, por detrás del petróleo y por encima de la inversión extranjera directa. En algunos municipios rurales son la principal fuente de ingreso de los hogares. Cuando el flujo cae, el efecto se siente primero en el consumo local: menos compras en tiendas, menos construcción de vivienda, menos matrículas escolares.
El gobierno mexicano ha activado mecanismos de atención a migrantes deportados, incluyendo programas de reinserción laboral, pero la escala de las deportaciones supera con mucho la capacidad de respuesta institucional. En el primer trimestre de 2026, México recibió más de 80,000 deportados procedentes de EE.UU.
El impacto macroeconómico se suma a otros factores negativos: crecimiento cercano a cero, inflación por encima del objetivo y un peso que acumula presión cambiaria. La conjunción de estos elementos dibuja un año económicamente difícil para millones de familias mexicanas.



