El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, que entró a su tercera semana de operaciones activas, ha generado una presión sostenida en los mercados energéticos globales. El petróleo Brent cotiza por encima de los 90 dólares por barril, su nivel más alto en más de un año, ante el temor de que Irán cierre o restrinja el paso por el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% de la oferta mundial de crudo.
Irán ha advertido en múltiples ocasiones que cualquier ataque a su infraestructura nuclear o militar recibirá una respuesta que podría incluir el bloqueo del estrecho. Aunque por ahora no ha ejecutado esa amenaza, la sola posibilidad ha disparado las primas de riesgo en los contratos de futuros. Los países del Golfo, encabezados por Arabia Saudí, han aumentado discretamente su producción para compensar un posible corte iraní.
Estados Unidos respondió a los ataques de Irán con bombardeos a instalaciones militares y nucleares en el territorio iraní, con el respaldo explícito de Israel y sin consultar previamente a sus aliados europeos, lo que generó tensiones dentro de la OTAN. Francia y Alemania pidieron una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU.
Para México, el conflicto llega en un momento de vulnerabilidad: la inflación ya está en 4.63%, el peso está bajo presión y cualquier alza sostenida en los precios del petróleo eleva el costo del transporte y los insumos industriales, alimentando aún más la espiral de precios.



