Estados Unidos incluyó a México en una nueva ronda de aranceles y fijó una tarifa de 10% para los productos que no cumplen las reglas del T-MEC. La medida vuelve a tensar la relación comercial justo cuando ambos países revisan el acuerdo que sostiene la mayor parte del intercambio bilateral.
El alcance es desigual. Los bienes que acrediten origen regional bajo el tratado mantienen el acceso sin arancel, mientras que las exportaciones que quedan fuera de esas reglas enfrentarán el nuevo cobro. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, estimó que más de 80% del comercio mexicano seguirá protegido por el T-MEC.
La decisión forma parte de una acción comercial estadounidense contra decenas de economías por presuntas deficiencias para combatir el trabajo forzado. Para México, la tarifa no sustituye las obligaciones del tratado: añade presión sobre empresas que importan insumos de terceros países o que todavía no pueden demostrar el contenido regional exigido.
El golpe inmediato se concentrará en los exportadores menos integrados a Norteamérica, pero la señal alcanza a toda la industria. Las compañías tendrán que revisar proveedores y certificados de origen, mientras los gobiernos negocian los asuntos más complejos de la revisión del T-MEC y buscan impedir que la disputa escale.



