La cadena hotelera española Meliá Hotels International puso punto final a más de 30 años de presencia en Cuba: su filial portuguesa, Ilha Bela Gestão e Turismo, dejó de prestar los servicios de gestión y comercialización que aún mantenía en la isla, sellando el cese definitivo de sus operaciones.
La retirada culmina un repliegue que comenzó semanas atrás, cuando la compañía canceló los contratos de administración y el uso de su marca en un primer grupo de 15 hoteles vinculados a GAESA, el conglomerado empresarial militar cubano, en respuesta a la Orden Ejecutiva 14404 firmada por Donald Trump.
Meliá, que llegó a gestionar 34 hoteles y era el mayor operador extranjero del turismo cubano, explicó que la decisión responde a las persistentes dificultades operativas, legales, económicas y financieras que afectan al entorno del país y que impiden garantizar condiciones mínimas de estabilidad para su actividad.
La salida de la cadena es un golpe mayúsculo para la industria turística cubana, principal fuente de divisas de la isla junto con las remesas, y deja en el aire el futuro de miles de trabajadores del sector. Analistas la leen como la señal más clara del éxito de la presión de Washington para ahuyentar la inversión extranjera del régimen de La Habana.


