Antes de que sonara la alerta planificada del simulacro nacional, el subsuelo mexicano envió sus propios mensajes. El Servicio Sismológico Nacional contabilizó varios microsismos y temblores moderados entre la madrugada y la mañana, con magnitudes que oscilaron entre 2.0 y 4.5 en distintos puntos de Oaxaca, Guerrero y Chiapas.
Los movimientos no provocaron daños significativos ni activaron sistemas de alerta temprana, pero alimentaron las redes sociales con bromas y nervios sobre la coincidencia con el ejercicio de protección civil. "El planeta también quiso participar", escribió un usuario que se viralizó.
Geofísicos consultados por El Universal recordaron que estos microsismos son habituales en zonas como la costa del Pacífico mexicano, donde la placa de Cocos se desliza permanentemente bajo la placa Norteamericana. La preocupación, advierten, no son los pequeños temblores, sino la energía acumulada en la Brecha Sísmica de Guerrero, que no ha liberado un evento mayor desde 1911.
El simulacro nacional usó precisamente esa hipótesis como base, un sismo magnitud 8.2 con epicentro en Guerrero, y los expertos insistieron en que la probabilidad estadística de un evento similar es alta dentro de las próximas décadas. El llamado: revisar las mochilas de emergencia y los protocolos familiares antes del próximo movimiento real.

