Por primera vez en décadas, un trabajador del IMSS podrá ser atendido en un hospital del ISSSTE sin que su expediente sea un misterio para el médico que lo recibe. El registro universal de salud, anunciado por el Gobierno de México, comenzó a operar y promete romper la lógica fragmentada que arrastra el sistema desde su fundación.
La apuesta es ambiciosa: integrar al IMSS, al ISSSTE y al programa IMSS-Bienestar bajo un expediente clínico electrónico único, accesible desde cualquier unidad pública del país. Hacienda destinará 50 mil millones de pesos a hospitales en proceso, 40 mil millones a obras nuevas y 2 mil 500 millones para reactivar 260 quirófanos que llevaban años fuera de servicio.
La propia Secretaría de Salud reconoce que el reto técnico es enorme: actualizar la conectividad de cientos de clínicas rurales, capacitar al personal médico y blindar la base de datos contra accesos indebidos. Aún así, expertos del sector consideran que es la transformación digital más profunda que ha intentado el sistema sanitario mexicano.
Las dudas se concentran en el ritmo. Sindicatos médicos advierten que sin contratación masiva de personal y abasto garantizado de medicamentos, el registro universal puede ser solo un cambio de logo. El gobierno asegura que las pruebas piloto en cinco estados muestran reducciones de hasta 40% en tiempos de atención.

