Las luces del Centro Internacional de Convenciones de Filipinas se encendieron para una cumbre que pocos quieren perderse. La 48ª edición del foro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático arrancó con jefes de Estado, ministros y observadores debatiendo cómo reposicionarse frente a un mundo que se reordena a la velocidad de los aranceles de Donald Trump.
Filipinas, que ostenta la presidencia rotatoria, definió tres prioridades: seguridad marítima en el Mar de China Meridional, regulación de la inteligencia artificial y respuesta económica al alza del petróleo derivada de la guerra contra Irán. Indonesia y Vietnam llegaron con propuestas para acelerar acuerdos comerciales internos antes de que Washington complete su nueva ronda de tarifas.
La diplomacia china apareció con una oferta tentadora: ampliar las exportaciones de combustible al Sudeste Asiático a precios preferenciales mientras dure el cierre del estrecho de Ormuz. Diplomáticos europeos consultados por la EFE leen el gesto como un movimiento estratégico para fortalecer la influencia de Pekín mientras Estados Unidos está atrapado en Medio Oriente.
La cumbre cierra el 9 de mayo y se espera una declaración conjunta sobre tránsito marítimo, derechos digitales y cooperación contra el crimen transnacional. El gran ausente, otra vez, será Myanmar, suspendido por la junta militar que sigue sin permitir transición democrática.

