El norte de Chile quedó bajo estado de catástrofe después de lluvias extraordinarias que desbordaron ríos, cortaron carreteras y dejaron comunidades enteras sin agua ni electricidad. La emergencia golpea con especial fuerza a Coquimbo y la provincia de Huasco.
El balance oficial reportó cinco fallecidos, cuatro desaparecidos, más de dos mil damnificados y cerca de cien mil personas aisladas. En algunos puntos cayó en una hora una cantidad de agua equivalente a la precipitación habitual de todo un mes.
El presidente José Antonio Kast habilitó el despliegue de las Fuerzas Armadas y recursos extraordinarios. Autoridades locales reclamaron mayor coordinación ante aluviones, fallas de servicios y familias incomunicadas, mientras el costo de reconstrucción ya se estima en varios cientos de millones de dólares.
La magnitud del desastre vuelve a poner en primer plano la vulnerabilidad regional frente a fenómenos extremos. Para México, también expuesto a lluvias intensas y ciclones, la crisis chilena ofrece una advertencia sobre alertas tempranas, infraestructura hídrica y capacidad de respuesta cuando el clima rebasa los registros habituales.






