Kevin Keegan, uno de los futbolistas ingleses más carismáticos de su generación, murió a los 75 años después de enfrentar un cáncer. Su familia informó que estuvo acompañado por su esposa y sus hijas en sus últimos momentos.
El exdelantero ganó dos veces el Balón de Oro y brilló con Liverpool, Hamburgo, Southampton y Newcastle. Su estilo eléctrico, su melena y su capacidad para conectar con las tribunas lo convirtieron en una celebridad que trascendió el campo.
Como entrenador, devolvió ilusión al Newcastle y también dirigió a la selección inglesa. Esa etapa mostró un perfil más vulnerable, pero consolidó una relación afectiva con aficionados que lo recordaron como una figura cercana y apasionada.
Clubes, exjugadores y seguidores multiplicaron los homenajes. La muerte de Keegan llega al cierre de un Mundial y conecta a generaciones distintas: quienes lo vieron jugar recuerdan a un atacante incansable; los más jóvenes descubren a una de las primeras superestrellas modernas del futbol británico.






