The Whitest Boy Alive confirmó y cumplió: la banda liderada por Erlend Øye volvió a México el 24 de marzo para presentarse en el Teatro Metropólitan de Ciudad de México, más de diez años después de su última visita al país. El anuncio generó una ola de nostalgia entre la comunidad indie mexicana que creció escuchando álbumes como Dreams y Rules, dos discos que marcaron el sonido de toda una generación.
La agrupación noruega se caracteriza por una propuesta musical que cruza el indie pop con el funk mínimo y el pop electrónico de bajo presupuesto, en la que cada instrumento tiene un espacio preciso y la voz de Øye construye melodías de aparente simpleza pero alto impacto emocional. Su regreso a los escenarios había sido anunciado con meses de anticipación, lo que disparó la venta de boletos desde el primer día.
El concierto del Teatro Metropólitan forma parte de una gira más amplia que la banda realiza por América Latina, donde tiene una base de fans particularmente fiel. Argentina, Chile y México fueron los destinos confirmados, con una respuesta que superó las expectativas de los organizadores.
Para muchos de los asistentes, ver a The Whitest Boy Alive en vivo tiene el peso de un reencuentro con una versión de sí mismos: la playlist de sus años de universidad, las fiestas en departamentos pequeños, la tarde de domingo con audífonos puestos. Eso es, en el fondo, lo que los convocó al Metropólitan esta noche.



