Antes del primer silbatazo, el Estadio Azteca ya había vivido su primer espectáculo planetario: Shakira encabezó la ceremonia inaugural de la Copa del Mundo ante decenas de miles de aficionados y una audiencia global de cientos de millones.
La expectativa por el show era enorme desde que se confirmó que la inauguración regresaría al coloso de Santa Úrsula, el primer estadio en albergar tres Mundiales. La producción corrió a cargo del italiano Marco Balich, veterano de ceremonias olímpicas.
Junto a la colombiana desfilaron Belinda, Maná y Los Ángeles Azules, en una celebración cargada de iconografía mexicana. El momento más comentado fuera del escenario llegó cuando Salma Hayek fue presentada como embajadora oficial de la Copa Mundial, sumando a la actriz veracruzana al rostro institucional del torneo.
Las redes sociales convirtieron la ceremonia en tendencia global, con elogios por la producción y el inevitable debate sobre los artistas que faltaron. Con las otras sedes preparando sus propios espectáculos, la vara quedó alta: el Azteca volvió a demostrar por qué es el estadio más mítico del futbol.

