El cruce fronterizo de Rafah, que conecta la Franja de Gaza con Egipto, reanudó parcialmente el tránsito de personas bajo estrictas limitaciones en el número de viajeros autorizados. La reapertura fue recibida con alivio por quienes pudieron cruzar, pero también con frustración debido a la violencia y a las largas listas de espera. Representantes de la ONU comentaron que muchas familias siguen atrapadas y temen nuevos cierres.
Sam Rose, comisionado de la agencia de la ONU para refugiados palestinos (UNRWA), afirmó que el número de personas autorizadas a salir o regresar es muy reducido y que muchos heridos esperan evacuación para recibir tratamiento médico fuera de Gaza. Contó que algunas personas lesionadas protestaron en el paso exigiendo ser incluidas en las listas de traslado y denunciaron la falta de atención.
La nota también describe esfuerzos humanitarios para apoyar a quienes regresan. Organizaciones internacionales y locales han instalado puestos de ayuda con alimentos y asistencia sanitaria, pero la inseguridad impide llegar a todas las comunidades necesitadas. Además, la destrucción de infraestructuras dificulta el movimiento de ambulancias y vehículos de socorro.
Aunque la reapertura representa un pequeño alivio, defensores de derechos humanos señalan que la situación sigue siendo insostenible mientras persista la violencia y las restricciones al movimiento. Subrayan que la comunidad internacional debe redoblar los esfuerzos para lograr un alto el fuego duradero y permitir el acceso humanitario irrestricto a la población de Gaza.


