La Organización Meteorológica Mundial (OMM) describió cómo el comienzo del año estuvo marcado por una sucesión de fenómenos extremos. En el hemisferio sur, Australia registró olas de calor con temperaturas cercanas a máximos históricos que avivaron incendios forestales, mientras que partes de América del Sur sufrieron precipitaciones intensas y deslizamientos de tierra.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, subrayó que las alertas tempranas salvan vidas y destacó la necesidad de que los países inviertan en sistemas de pronóstico y planes de contingencia. Insistió en que el costo de la inacción frente al calentamiento global es cada vez más elevado y que los desastres climáticos tendrán impactos económicos y humanos crecientes.
En el hemisferio norte, un episodio de vórtice polar provocó temperaturas gélidas y nevadas intensas en Norteamérica, con advertencias del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos sobre el peligro de ventiscas y cortes de energía. Al mismo tiempo, zonas del sudeste asiático experimentaron lluvias torrenciales y tormentas tropicales que causaron inundaciones y daños a la infraestructura.
La OMM recordó que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes debido al cambio climático y que la cooperación internacional es clave para mejorar la respuesta. Recomendó reforzar la comunicación de riesgos y las medidas de adaptación, así como el apoyo a comunidades vulnerables que ya están sufriendo las consecuencias de estos eventos extremos.




