El director de Petróleos Mexicanos confirmó que el enorme derrame de hidrocarburo detectado en febrero en el Golfo de México provino de una fuga en un ducto de 36 pulgadas ubicado en la zona del complejo petroquímico de Abkatún, desmontando versiones anteriores que apuntaban a un 'barco fantasma' o grietas submarinas. La revelación encendió la indignación pública al evidenciar que la empresa había demorado más de dos meses en reconocer su responsabilidad.
Análisis de imágenes satelitales demostraron la presencia de hidrocarburo en la zona de Abkatún desde el 4 de febrero, cuando la mancha medía aproximadamente 18 kilómetros. La emanación cesó hacia el 18 de ese mes, pero el petróleo desplazado por corrientes marinas y vientos llegó hasta las costas de Veracruz días después, afectando ecosistemas costeros y comunidades pesqueras.
Como consecuencia directa del encubrimiento, Pemex cesó a tres funcionarios: el subdirector de Seguridad, Salud Ocupacional y Protección Ambiental; el coordinador de Control Marino, Derrames y Residuos; y el líder de Derrames y Residuos. Aunque no se reportaron muertes masivas de especies, 13 tortugas marinas afectadas por hidrocarburos fueron atendidas, de las cuales 12 fallecieron.
El escándalo reabre el debate sobre la transparencia de Pemex ante emergencias ambientales y refuerza las presiones de organismos ambientalistas que exigen una auditoría independiente del estado real de la infraestructura marina de la empresa. Las comunidades pesqueras de Veracruz ya exigen compensaciones por las pérdidas sufridas en la temporada de captura.

