El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, rechazó el plan de quince puntos anunciado por el presidente estadounidense Donald Trump para Gaza y fijó una condición que deja poco margen de negociación: Israel no abandonará el enclave hasta que Hamás se desarme por completo.
El desaire expone una fricción creciente entre dos gobiernos que durante meses habían sostenido una alineación pública. La propuesta estadounidense buscaba encadenar un alto el fuego con un esquema de gobernanza y reconstrucción para el territorio palestino.
En paralelo, la maquinaria de reconstrucción ya empezó a moverse por su cuenta: se reportó que el Consejo de Paz para Gaza habría emitido su primer contrato de construcción, una señal de que ciertos actores internacionales avanzan sin esperar el acuerdo político.
El bloqueo llega en un momento de tensión diplomática amplia. Turquía presentó una propuesta de moratoria a las partes del conflicto en Ucrania y se espera que los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner viajen a Rusia en los próximos días, en una agenda que muestra a Washington gestionando dos frentes simultáneos con resultados desiguales.


