La mesa de diálogo entre el chavismo y sectores de la oposición venezolana quedó instalada en Caracas con la transición política como eje declarado de la agenda. La primera ronda de conversaciones se extenderá hasta el 12 de agosto.
El antecedente inmediato pesa: se trata del noveno intento de negociación entre ambos bandos en poco más de una década, y todos los anteriores terminaron sin resultados duraderos. La diferencia esta vez es el respaldo explícito y activo de Estados Unidos, que calificó el arranque como una oportunidad única para la reconciliación venezolana.
El Departamento de Estado reafirmó su compromiso con un plan de tres fases —estabilización, recuperación económica y transición democrática— y el proceso está diseñado para extenderse hasta diciembre, cuando se presentaría formalmente el resultado del trabajo. La agenda incluye la atención a víctimas de desastres naturales, el fortalecimiento institucional y la garantía de derechos políticos y civiles.
Las resistencias aparecieron de inmediato en ambos flancos. Sectores duros del chavismo protestaron en Caracas contra lo que consideran una imposición extranjera, mientras que la Plataforma Unitaria Democrática, principal coalición opositora, decidió no participar en la mesa. El diálogo arranca, entonces, sin dos de los actores que tendrían que avalar cualquier acuerdo.


