México y Estados Unidos iniciaron en Ciudad de México la tercera ronda de conversaciones rumbo a la primera revisión anual del T-MEC. El encuentro llega bajo presión arancelaria y con empresas mexicanas pendientes de las condiciones que determinarán inversión, exportaciones y cadenas productivas.
Los equipos negociadores trabajarán durante tres días después de que el Gobierno mexicano coordinara posiciones con el Consejo Coordinador Empresarial. La discusión ocurre en un formato cada vez más bilateral, un giro respecto del diseño trilateral con Canadá que dio origen al acuerdo.
EL PAÍS y La Jornada coincidieron en que esta ronda busca despejar incertidumbres sobre el futuro del tratado. Si los socios no alcanzan consensos en las revisiones anuales, el mecanismo mantiene una cuenta regresiva que podría llevar al acuerdo a concluir en 2036.
Para las familias y empresas mexicanas, el resultado puede traducirse en precios, empleos y decisiones de inversión. Los sectores automotriz, agroalimentario, energético y tecnológico observarán si se preserva la certidumbre o si las amenazas arancelarias se convierten en la nueva regla de la relación.





