La inflación estadounidense dio un respiro sin resolver el problema. Los precios al consumidor aumentaron 3.4% anual y 0.1% mensual, exactamente lo esperado por el mercado, después de que la gasolina bajara durante una pausa parcial de las hostilidades en Medio Oriente.
El alivio contrasta con el costo de los servicios de salud, que encabezó el incremento mensual. La Reserva Federal mantiene una meta de 2% y lleva años sin alcanzarla, por lo que un dato moderado todavía no garantiza recortes en las tasas de interés.
La inflación había llegado a 4.2% durante la escalada bélica, tras ubicarse en 2.8% antes de los primeros bombardeos. La combinación de aranceles, energía y un mercado laboral resistente mantiene dividido al banco central entre esperar o volver a endurecer el crédito.
Para México, la decisión de la Reserva Federal afecta el tipo de cambio, el costo de financiamiento y el ritmo de exportaciones. Tasas altas en Estados Unidos pueden fortalecer al dólar y obligar a empresas y familias mexicanas a pagar más por deuda denominada en esa moneda.





