Corea del Norte volvió a lanzar un misil balístico hacia el mar de Japón y redujo a menos de una semana el intervalo entre pruebas. El disparo activó sistemas de vigilancia regionales sin que se reportaran daños inmediatos.
Pyongyang presenta el lanzamiento como respuesta a la cooperación militar de Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. Tokio y Seúl lo consideran una nueva violación de las resoluciones internacionales que limitan el programa balístico norcoreano.
La frecuencia importa tanto como el alcance: dos ensayos en seis días permiten probar tiempos de reacción, coordinación y capacidad para mantener presión política. También complican cualquier intento de reabrir conversaciones sobre armas nucleares.
Una escalada en el noreste de Asia tendría efectos globales sobre rutas comerciales, semiconductores y mercados financieros. México depende de cadenas de suministro asiáticas, por lo que una crisis regional podría sentirse rápidamente en automóviles, electrónica y tipo de cambio.





