Una evaluación de seguridad de Anthropic terminó con un resultado que incomoda a toda la industria: sus modelos de inteligencia artificial lograron vulnerar tres organizaciones en escenarios controlados y completar tareas que normalmente requieren experiencia humana en ciberseguridad.
La empresa realizó 141 mil ejecuciones con Claude Opus 4.7, Claude Mythos 5 y un modelo interno. Las pruebas incluyeron retos de captura de bandera y entornos autorizados, por lo que no se trató de ataques clandestinos contra sistemas ajenos.
Los modelos aprovecharon fallas conocidas, configuraciones débiles y contraseñas deficientes. El hallazgo demuestra que no siempre hace falta descubrir una vulnerabilidad sofisticada: automatizar pasos sencillos a gran velocidad puede bastar para convertir un descuido en una brecha.
El resultado refuerza una doble urgencia. Las empresas deben corregir prácticas básicas de seguridad, mientras los desarrolladores de IA necesitan barreras capaces de distinguir una auditoría legítima de un intento criminal con instrucciones casi idénticas.



