Un plan presentado por el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, convirtió en calendario y metas una idea que la comunidad internacional ha denunciado como expulsión masiva. La propuesta busca que 1.86 millones de palestinos abandonen Gaza en un plazo de siete años bajo la etiqueta de migración voluntaria.
El documento contempla una oficina gubernamental, acuerdos con países receptores, rutas reguladas y expedientes individuales. Proyecta la salida de 250 mil personas durante el primer año, 1.11 millones en tres años y 1.86 millones al final del periodo, con apoyos para los migrantes y compensaciones para terceros países.
La iniciativa coincide con declaraciones del ministro de Defensa, Israel Katz, quien sostuvo que no existe una solución real para Gaza sin esa migración y admitió que ningún país se ha comprometido a recibir a la población. Associated Press confirmó que el Gobierno estudia pagar a naciones dispuestas a aceptar emigrantes.
El uso de incentivos no borra la presión de vivir entre destrucción, desplazamientos y controles militares. Cualquier salida realmente voluntaria exige alternativas seguras y el derecho a permanecer o regresar; sin esas garantías, el plan profundiza el temor de que la reconstrucción de Gaza se base en vaciarla de sus habitantes.





