El fuego terminó, pero la vida alrededor del pozo Krem-1 no volvió a la normalidad. Habitantes de ejidos cercanos en Las Choapas, Veracruz, describen enfermedades persistentes, arroyos con una capa aceitosa y campos donde el pasto quedó amarillo.
El pozo exploratorio de gas salió de control en marzo y fue sellado después de casi cinco meses. Durante ese tiempo, familias de La Guadalupe, Las Cruces, Constitución Mexicana e Ignacio López Rayón convivieron con ruido, calor, gases y el temor de nuevas explosiones.
Un análisis satelital citado por El País calcula que el reventón quemó alrededor de 250 millones de metros cúbicos de gas natural, volumen suficiente para llenar dos buques metaneros. Vecinos relataron problemas respiratorios, dolor de cabeza, náuseas, vómitos y afecciones cutáneas, además de muertes de ganado y peces.
La urgencia ahora es médica y ambiental. Sellar la infraestructura detuvo la fuente visible del desastre, pero no responde quién pagará las cosechas, cómo se estudiará la exposición de la población ni qué ocurrirá si los arroyos y suelos quedaron contaminados.






