Brad Pitt habló sin el filtro habitual de las promociones de Hollywood. El actor reconoció que volvió a beber después de siete años de sobriedad y describió un periodo en el que la ruptura familiar lo llevó a pensar que no quería seguir vivo.
Su relación con el alcohol se volvió pública tras el episodio ocurrido en un vuelo privado con Angelina Jolie y sus hijos. Después del divorcio, Pitt acudió a reuniones de Alcohólicos Anónimos y presentó la sobriedad como una parte central de su recuperación.
Ahora admite que la confianza excesiva lo llevó a probar de nuevo y sostiene que intenta limitar el consumo. La confesión generó debate porque una recaída no es solo una decisión privada en su historia: está ligada a acusaciones de violencia y al deterioro de la relación con varios de sus hijos.
El testimonio rompe la narrativa simple de rehabilitación y final feliz. También recuerda que la recaída puede formar parte de una adicción, pero no elimina la responsabilidad por el daño causado ni sustituye la necesidad de tratamiento y reparación.




