El brote de ébola que golpea el este de la República Democrática del Congo llevaba meses circulando antes de ser reconocido oficialmente. La revelación explica parte de la velocidad con la que los casos superaron la capacidad de rastreo.
La Organización Mundial de la Salud situó el inicio probable en febrero, mientras la emergencia fue declarada hasta mediados de mayo. Ese retraso permitió cadenas de transmisión invisibles en una región marcada por desplazamientos, ataques armados y acceso sanitario limitado.
La epidemia ya había causado más de 1,700 muertes en reportes recientes y se convirtió en la de expansión más rápida registrada para la enfermedad. Respondientes señalan que numerosos pacientes no aparecen en listas de contactos, una señal de contagio comunitario difícil de contener.
El reto no es únicamente médico. Personal en huelga, comunidades inaccesibles y desconfianza hacia los equipos de salud complican aislamiento, diagnóstico y entierros seguros. La experiencia vuelve a mostrar que declarar tarde una epidemia puede convertir una crisis local en una amenaza regional.






