La renuncia más explosiva desde el inicio de la guerra con Irán llegó desde adentro de la propia administración Trump. Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo y uno de los funcionarios de inteligencia más cercanos al presidente, anunció abruptamente su salida del cargo en una carta pública que se volvió viral en cuestión de horas.
No puedo, con la conciencia tranquila, apoyar la guerra en curso en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, escribió Kent, en una frase que desafía directamente la narrativa oficial de la Casa Blanca, que justificó los ataques como una respuesta preventiva a un peligro existencial.
La dimisión provoca una fractura visible dentro del gabinete de seguridad nacional en un momento de máxima sensibilidad. Congresistas del propio partido republicano pidieron explicaciones al Ejecutivo sobre las razones reales que motivaron el conflicto, mientras voces demócratas calificaron la carta de Kent como una confirmación de sus sospechas sobre la legalidad de la operación militar.
Trump respondió en redes sociales calificando a Kent de traidor cobarde y aseguró que la guerra va según el plan. Sin embargo, el impacto político de la renuncia en Washington es innegable: abre un debate sobre si el Congreso debería votar una autorización formal de uso de la fuerza militar, algo que hasta ahora no ha ocurrido.



