Con el mundo árabe en vilo y las consecuencias del conflicto iraní derramándose hacia los mercados de energía, Arabia Saudí anunció que Riad acogerá en los próximos días una reunión de cancilleres de países árabes para coordinar una respuesta diplomática a la crisis. Es la primera iniciativa regional concreta desde el inicio de los bombardeos hace 19 días.
Por su parte, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, realizó llamadas de emergencia con sus homólogos europeos y árabes para urgir una voz internacional unificada que exija el cese inmediato de las hostilidades. Pekín tiene intereses directos en la estabilidad de la región: importa alrededor del 40% de su petróleo del Golfo Pérsico, y cualquier bloqueo del estrecho de Ormuz afectaría gravemente su economía.
Turquía también sumó su voz: el presidente Recep Tayyip Erdogan advirtió que las acciones de Israel y Estados Unidos están llevando a Oriente Próximo hacia un desastre del que será difícil recuperarse. Ankara mantiene comunicación con Teherán y ha ofrecido sus canales diplomáticos como puente para un eventual diálogo.
La ONU permanece paralizada por el veto cruzado en el Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos ha bloqueado todas las resoluciones que exigen el cese al fuego. El secretario general, António Guterres, hizo un llamado personal a Trump y Netanyahu sin obtener respuesta pública hasta el momento.



