En el Gran Salón del Pueblo de Pekín, Xi Jinping puso a Taiwán en el centro del discurso con el que celebró los 105 años del Partido Comunista de China. El mandatario definió la 'reunificación completa con la patria' como la 'tarea histórica' e inquebrantable del partido, endureciendo el tono frente a la isla.
El aniversario llega en un momento de creciente asertividad de Pekín. Xi adoptó una postura más volcada al exterior que en intervenciones anteriores, subrayando durante unos cuarenta minutos la influencia global del partido, al que atribuyó haber 'cambiado profundamente' la trayectoria del desarrollo mundial.
Sobre Taiwán, reiteró la firme oposición del gobierno chino a cualquier esfuerzo independentista y a la 'interferencia externa'. También llamó a preservar la 'pureza' del partido y a combatir la corrupción, dos frentes internos que han marcado su mandato.
Respecto a Hong Kong y Macao, pidió promover su prosperidad y estabilidad a largo plazo e integrarlos al desarrollo general de China. El mensaje, en conjunto, dibujó a un partido que se proyecta hacia afuera sin renunciar a sus reclamos territoriales.


