El regreso de El Niño dejó de ser una conversación exclusiva de meteorólogos. Las primeras estimaciones apuntan a un episodio excepcionalmente intenso, capaz de alterar lluvias, temperaturas y sequías con consecuencias directas para los hogares y la economía mexicana.
Expertos consultados por MVS y El Universal señalan que el fenómeno podría ser más fuerte que el registrado entre 1997 y 1998. El riesgo combina calor extremo, menor disponibilidad de agua en algunas regiones y lluvias severas en otras, un patrón que vuelve más difícil anticipar cosechas y operar infraestructura.
El campo sería uno de los primeros frentes: una caída en rendimientos puede encarecer alimentos y presionar la seguridad alimentaria. El sistema eléctrico también enfrenta un doble desafío, porque el calor dispara el uso de aire acondicionado mientras la sequía reduce el margen de generación hidroeléctrica.
La advertencia no equivale a un pronóstico cerrado para cada estado, pero sí exige prevención nacional. Reservas de agua, seguros agrícolas, redes eléctricas y alertas tempranas tendrán que prepararse para un escenario que puede prolongarse y golpear de forma desigual a productores, ciudades y consumidores.




