La frase fue breve y contundente. Donald Trump afirmó ante la prensa que Venezuela "todavía no está lista" para celebrar elecciones, aunque aseguró que se ha avanzado en otros frentes y respaldó el proceso de transición en curso. En la misma declaración, el presidente estadounidense elogió el negocio petrolero venezolano.
El secretario de Estado, Marco Rubio, había confirmado días antes el calendario: las conversaciones formales de transición comenzarán durante los primeros días de agosto, tras un acuerdo entre la Asamblea Nacional de 2015 y el gobierno interino. "Vamos a estar muy involucrados", declaró Rubio sobre el papel de Washington.
Las autoridades estadounidenses consideran que el acceso a financiamiento externo será un elemento clave para afrontar la reconstrucción que demandará la emergencia causada por los terremotos. La ayuda humanitaria estadounidense destinada a esa crisis ya supera los 180 millones de dólares y se mantendrá durante el proceso.
La combinación de mensajes deja una tensión evidente: se abre un diálogo político con calendario definido, pero el actor externo más influyente en el proceso descarta, por ahora, el mecanismo electoral. Para la diáspora venezolana en México y en el resto de América Latina, la pregunta pendiente es cuánto tiempo se extenderá ese compás de espera.



