Sinaloa abrió un nuevo capítulo político con la designación de Graciela Domínguez como gobernadora interina, una salida construida a contrarreloj después de la separación de Rubén Rocha Moya. El cambio busca contener una crisis que ya rebasó los límites del estado.
El Congreso local tomó protesta a Domínguez para cubrir los 14 meses restantes del periodo. La nueva mandataria llega desde la Cámara de Diputados y ya había ocupado cargos en la administración sinaloense, por lo que conoce el aparato que ahora deberá conducir.
Rocha dejó el puesto después de que su breve regreso provocara críticas, mientras enfrenta una investigación en Estados Unidos. AP y EL PAÍS coincidieron en que la elección recayó en una figura oficialista vinculada políticamente con el gobierno saliente.
La prioridad inmediata será recuperar autoridad en una entidad marcada por la violencia y por la incertidumbre institucional. El relevo resuelve la vacante, pero no elimina las preguntas sobre el gobierno anterior ni la presión para garantizar una conducción independiente.



