El director de la CIA, John Ratcliffe, llegó a Moscú en una visita no anunciada que abrió más preguntas de las que respondió. El desplazamiento ocurrió durante la noche y fue confirmado por un funcionario estadounidense informado del viaje.
Washington no identificó a las autoridades rusas que participaron en las reuniones ni explicó el propósito de la breve estancia. Moscú tampoco ofreció una agenda pública, un nivel de reserva inusual incluso para contactos delicados entre servicios de inteligencia.
CNN y EL PAÍS verificaron el viaje mientras continúan las tensiones por Ucrania, los ataques con drones y el deterioro de las relaciones bilaterales. La falta de detalles impide saber si se trató de una gestión de crisis, un intercambio de mensajes o una negociación mayor.
Un canal directo puede reducir el riesgo de errores de cálculo entre potencias nucleares, pero el secreto también alimenta especulaciones. Cualquier resultado será medido por cambios concretos en la conducta de ambos gobiernos, no por la existencia de la reunión.




