La presidenta Claudia Sheinbaum descartó cualquier aumento al precio del kilo de tortilla y lanzó un mensaje directo a los industriales: los granos de maíz están en su nivel más bajo de la historia y no hay justificación para que el producto básico suba. La instrucción bajó por la cadena de gobierno en cuestión de horas.
El Consejo Nacional de la Tortilla había anticipado un incremento de entre dos y cuatro pesos, supuestamente a partir del 15 de abril, lo que encendió las alarmas en hogares mexicanos donde el producto pesa directamente en la economía diaria. La propia Profeco y la Sader salieron a desmentirlo el día anterior.
El secretario de Agricultura, Julio Berdegué, recibió órdenes expresas de contener cualquier movimiento en la cadena productiva. Actualmente el kilo oscila entre 18 y 22 pesos en tortillerías tradicionales de la Ciudad de México, con un promedio nacional ponderado cercano a los 23 pesos por kilo según los últimos reportes.
El pulso entre gremio y gobierno anticipa semanas de tensión. Mientras algunos tortilleros advierten que sostener el precio implica trabajar con márgenes mínimos, la administración federal apuesta por mantener la canasta básica como bandera política, con revisiones semanales y supervisión directa de Profeco en plazas clave.

