La ofensiva rusa de esta semana pegó donde más duele a Ucrania: infraestructura energética y puertos del Danubio. El gobernador de la región de Odesa, Oleg Kiper, confirmó daños en un barco con bandera panameña impactado durante el ataque al puerto de Ismail, una arteria logística para exportaciones ucranianas.
El puerto de Ismail se convirtió, tras el bloqueo parcial del mar Negro, en salida alternativa para cereales y manufactura ucraniana. Golpearlo implica sumar presión financiera al gobierno de Kiev y afectar a operadores navieros internacionales que dependen del corredor danubiano.
Los ataques se extendieron a Járkov, donde también se reportó afectación a infraestructura crítica. Las fuerzas armadas ucranianas informaron que ambas oleadas combinaron drones Shahed, misiles balísticos y misiles de crucero, con la evidente intención de saturar las defensas antiaéreas simultáneamente.
El golpe recalienta el debate europeo sobre entregar más defensas antiaéreas y baterías Patriot. Mientras tanto, el costo del seguro naviero en el Danubio vuelve a escalar, una señal que transmite rápidamente al precio de los commodities alimentarios que llegan a mesas africanas y asiáticas.

