La factura del refrigerador está pasando por un momento brutal en México. La canasta básica alimentaria subió más de 8% anual, casi el doble del 4.6% de la inflación general, un diferencial que aprieta especialmente a hogares con ingresos medios y bajos. El dato cambió el tono de la conversación económica.
En marzo de 2026 el costo mensual para cubrir alimentación y necesidades básicas rondó los 4,940 pesos en zonas urbanas y superó los 3,500 pesos en zonas rurales, según cálculos recientes. El dólar cerró en 17.28 pesos, sin aliviar del todo el costo de insumos importados como aceites y cereales.
Analistas independientes apuntan a una combinación de factores: presiones climáticas sobre cultivos, costos logísticos en el transporte terrestre y márgenes acumulados en distribución. El Banco de México reveló que 53% de los empresarios considera mal momento para invertir, mientras 47% dice no estar seguro, lo que reduce margen de maniobra.
Las consecuencias se sienten en los hogares. Organizaciones civiles reportan desplazamiento de compra de proteínas animales hacia huevo y leguminosas, mientras tiendas de autoservicio aceleran campañas de precio bajo para retener consumo. El gobierno federal insiste en contener aumentos en productos regulados y evitar un segundo golpe al salario real.

