Con una alfombra roja, una banda militar y las cámaras del mundo enfocadas en el Gran Salón del Pueblo, Xi Jinping recibió a Vladimir Putin en Beijing en un encuentro cargado de simbolismo geopolítico. La visita del mandatario ruso —la 25 en su historia diplomática con China— se produce apenas días después de que Donald Trump culminara su propia visita de Estado a la capital china, la primera de un presidente estadounidense en casi una década.
El mensaje implícito de la coreografía diplomática fue difícil de ignorar: China recibe a Trump y luego abre sus puertas a Putin, dejando claro que Beijing juega en múltiples tableros al mismo tiempo. Durante el encuentro, Xi lanzó una frase que resonó en cancillerías de todo el mundo: China y Rusia deben promover un "orden mundial más justo", una indirecta velada dirigida a Washington que circuló en medios internacionales durante todo el día.
Entre los temas concretos de la agenda bilateral figuran la construcción del gasoducto "Power of Siberia 2", que conectaría Rusia con China a través de Mongolia, y el fortalecimiento de la cooperación energética y estratégica entre ambos países. Los intercambios comerciales entre Moscú y Beijing han crecido de manera acelerada desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, ante las sanciones occidentales que empujaron a Rusia hacia el mercado asiático.
El encuentro llega en un momento en que Europa reprocha a Estados Unidos la flexibilización de las sanciones petroleras contra Rusia, mientras un dron ucraniano fue derribado por la OTAN sobre territorio estonio en circunstancias que Kiev atribuye a manipulación rusa. El mundo observa un tablero multipolar en el que cada movimiento diplomático tiene consecuencias en cascada.

