Un avión de combate de la OTAN derribó un dron ucraniano sobre territorio estonio en un incidente que puso en estado de alerta máxima a la alianza atlántica. Ucrania afirmó que la aeronave fue redirigida hacia Estonia mediante interferencia electrónica rusa, en lo que Kiev califica como un acto deliberado de provocación de Moscú diseñado para crear una crisis entre Ucrania y sus aliados occidentales.
Estonia, miembro pleno de la OTAN desde 2004, es uno de los países bálticos con mayor exposición geográfica a Rusia. La caída de cualquier artefacto bélico sobre su territorio, sin importar la bandera de origen, activa de inmediato los protocolos de consulta del Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que estipula que un ataque a un miembro es un ataque a todos.
La alianza abrió una investigación inmediata para determinar las circunstancias exactas del incidente. Funcionarios de la OTAN reconocieron que la interferencia electrónica de señales GPS es una táctica que Rusia ha empleado sistemáticamente en el teatro de operaciones del Mar Báltico y que representa uno de los vectores de desestabilización más difíciles de neutralizar.
El episodio se produce en un momento en que Europa ya presionaba a Estados Unidos por la flexibilización de las sanciones petroleras contra Moscú, generando una nueva tensión en el seno de la alianza occidental. Ucrania exigió que los aliados tomen medidas concretas y no se limiten a expresar preocupación, recordando que la guerra continúa activa y que las provocaciones rusas no se detienen.

