Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores comparecieron ante el tribunal federal de Manhattan, donde el juez Alvin Hellerstein presidió la audiencia de lectura de cargos. Ambos se declararon no culpables de los cargos de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína que pesan en su contra desde 2020 en el Distrito Sur de Nueva York.
Antes de emitir su declaración formal, Maduro se dirigió al tribunal con una frase contundente: "Soy el presidente de Venezuela, me considero prisionero de guerra. Me capturaron en mi casa de Caracas". La acusación, contenida en un documento de 25 páginas, señala que Maduro y otros funcionarios venezolanos colaboraron con cárteles de droga para facilitar el envío de miles de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos.
El juez Hellerstein ordenó que tanto Maduro como Flores permanezcan detenidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn hasta la próxima audiencia, programada para el 17 de marzo de 2026. De ser declarados culpables, ambos podrían enfrentar cadena perpetua.
La comparecencia generó reacciones inmediatas en América Latina y el mundo. Mientras el gobierno de Estados Unidos defiende la operación como una acción de aplicación de la ley contra el narcotráfico, múltiples países latinoamericanos y organizaciones internacionales han cuestionado la legalidad de la captura y el traslado forzoso del mandatario venezolano fuera de su territorio.




