Una oleada de drones ucranianos llevó la guerra a instalaciones logísticas y energéticas dentro de Rusia. El balance reportado por autoridades rusas fue de al menos nueve muertos y más de 80 heridos en varias regiones.
El golpe más mortal ocurrió en un almacén de Kotovsk, donde murieron siete trabajadores. Otro centro de distribución fue alcanzado, un depósito de petróleo se incendió y una maternidad tuvo que evacuar pacientes ante el riesgo de nuevos impactos.
Moscú afirmó haber interceptado 379 drones, una cifra que muestra la escala del ataque aunque no puede verificarse de forma independiente. Kiev sostiene que sus blancos apoyan la producción y el traslado de componentes usados por el ejército ruso.
La ofensiva amplía el costo humano lejos de las trincheras y obliga a Rusia a dispersar defensas aéreas sobre un territorio enorme. También eleva el riesgo de represalias y reduce el espacio para negociaciones mientras la infraestructura civil y militar se mezcla cada vez más.


