El detonante fue un cóctel de malas noticias que los mercados ya no pudieron ignorar: los costos del desarrollo de la inteligencia artificial siguen escalando, la Reserva Federal amenaza con nuevas subidas de tipos y los balances trimestrales de las grandes tecnológicas empiezan a mostrar que la promesa de rentabilidad de la IA está llegando más lento de lo que Wall Street había descontado. El resultado fue una venta masiva que hundió el Nasdaq cerca del 3% y arrastró al mercado bursátil de Corea del Sur, cuyo índice Kospi desplomó un 10% en lo que los analistas locales ya denominaron "el martes negro".
Nvidia, la empresa que más se ha beneficiado del auge de la IA gracias a sus chips para centros de datos, retrocedió con fuerza junto a Alphabet y Oracle. El Dow Jones, con menor exposición a la tecnología, apenas bajó un 0.3%, lo que confirma que la liquidación fue específica del sector y no una señal de crisis económica general. Sin embargo, la volatilidad se extendió desde Asia hasta Europa, donde el Ibex 35 abrió con caídas y arrastró a compañías como Indra y Telefónica.
El trasfondo del pánico es una pregunta que el mercado lleva meses evitando en voz alta: ¿justifican los resultados actuales de la IA los miles de millones que las empresas están invirtiendo en infraestructura de datos, chips y modelos de lenguaje? Los primeros análisis de retorno sobre esas inversiones empiezan a circular entre gestores institucionales, y las cifras no son tan claras como los titulares habían prometido. El mercado tardó en hacer la pregunta, pero cuando lo hizo, reaccionó de golpe.
La recuperación parcial del miércoles — el Kospi rebotó un 3% y Samsung recuperó el 7% de sus pérdidas — sugiere que el episodio no marca el fin del ciclo alcista de la IA, sino una corrección que el mercado necesitaba. Para los inversores mexicanos con exposición a fondos globales o ETFs tecnológicos, la sacudida es una señal de que la diversificación y la tolerancia a la volatilidad son más necesarias que nunca en este ciclo.


